El Juego de las Sombras

 Era una tarde cálida de otoño cuando Laura recibió el mensaje. Un número desconocido había dejado un mensaje de voz en su teléfono. Lo escuchó varias veces, con una sensación incómoda creciendo en su pecho. La voz era calmada, casi suave, pero el contenido era inquietante.

"Sé lo que hiciste el verano pasado, Laura. No te preocupes, te lo recordaré todo. Solo es cuestión de tiempo."

Nada más. Ni un nombre, ni una pista sobre el remitente. Solo esa amenaza vaga, una amenaza que se clavó en su mente como una espina. Laura sabía que algo oscuro había ocurrido ese verano, algo que había quedado enterrado en el fondo de su conciencia. Pero no recordaba con claridad. ¿Qué había hecho? ¿Y por qué alguien estaba tan empeñado en hacerle pagar por ello ahora?

Laura había intentado seguir adelante con su vida, pero siempre había una sombra acechando, algo que no lograba identificar. Había cambiado de ciudad, de trabajo, incluso de amigos. Pero todo parecía inútil. La amenaza la había encontrado, como si alguien estuviera observando cada uno de sus movimientos.


Decidió empezar a investigar. No tenía mucho, solo el mensaje y la sensación creciente de que alguien estaba cerca, alguien que la conocía demasiado bien. La policía no podía hacer nada. El mensaje no tenía pruebas claras de una amenaza real. Solo un número desconocido, y ninguna pista más. Entonces, Laura recurrió a una vieja amiga, Marta, una experta en ciberseguridad.

Marta fue clara cuando vio el mensaje.

—Este número es un prepago, no está registrado a nombre de nadie. Lo que me hace pensar que la persona que te está acosando tiene mucho cuidado con no dejar huellas.

Laura se quedó en silencio, procesando la información. No le gustaba lo que escuchaba. Aquella voz, esa amenaza… ¿cómo podía ser alguien tan preciso y al mismo tiempo tan misterioso?

—¿Tienes alguna idea de quién podría ser? —preguntó Marta, frunciendo el ceño.

Laura negó con la cabeza, su mente atrapada en recuerdos vagos. Ese verano… ¿qué había pasado exactamente? Algo relacionado con una casa, un accidente. Pero las piezas no encajaban.

—Necesito saber más —dijo Laura, apretando los dientes. —Lo que sea que ocurrió, tiene que estar relacionado con ese mensaje.


Laura decidió regresar a la ciudad donde había vivido aquel verano, la ciudad que había dejado atrás años atrás. Su memoria de aquellos días era borrosa, pero algo en su interior le decía que las respuestas estaban allí, en ese lugar.

La ciudad había cambiado desde entonces. Las calles ya no tenían el mismo aire de antaño. Pero aún podía reconocer ciertos rincones, como el viejo parque donde solía pasear. Recordaba las tardes largas, las risas de amigos que ya no veía, y aquella casa en las afueras de la ciudad, la casa a la que nunca había vuelto después de aquel día.


Al llegar, se dirigió directamente a la casa. Estaba vacía, pero parecía que aún conservaba el mismo aire inquietante. Los muebles estaban cubiertos con sábanas, como si el tiempo se hubiera detenido allí. Algo la impulsó a entrar, como si hubiera algo esperando ser descubierto.

Dentro, encontró un cuaderno viejo. Estaba escondido en una estantería detrás de algunos libros polvorientos. Lo abrió con manos temblorosas. Y entonces lo vio. En la página amarillenta, una foto de un hombre que no reconocía, sonriendo ante la cámara, sosteniendo una copa de vino. Junto a la foto, una nota escrita a mano: "Nos conocimos aquí. No olvides lo que sucedió."

Laura se detuvo, su corazón latiendo con fuerza. ¿Quién era él? ¿Por qué se sentía como si lo conociera? La foto no le decía nada, pero había algo en ella que la perturbaba. Como si su presencia estuviera impregnada en la casa, esperando ser descubierta.


A medida que las horas pasaban, la ansiedad de Laura crecía. Se sentía como si estuviera atrapada en un juego del que no comprendía las reglas. Cada pista la llevaba a más preguntas, pero ninguna respuesta concreta.

En su búsqueda, se encontró con una figura extraña en la ciudad, alguien que parecía seguirla sin que ella lo notara. Un hombre alto, de rostro impasible, que siempre se encontraba en las mismas ubicaciones que ella, como si supiera exactamente dónde iría a estar. Su nombre era Hugo. Nunca le habló directamente, pero siempre estaba cerca, observándola.

Laura no podía dejar de pensar en él. Cada vez que se cruzaban, él la observaba con una intensidad que la hacía sentirse incómoda. Algo no estaba bien. ¿Qué quería de ella? Y, lo más importante, ¿cómo estaba relacionado con el mensaje y la foto que había encontrado?


Una noche, Laura decidió enfrentarse a Hugo. Lo vio en el café al que solía ir por las mañanas. Él estaba allí, sentado solo, como si la esperara. Con determinación, se acercó a su mesa.

—¿Quién eres? —preguntó, mirando fijamente a sus ojos, que no mostraban ninguna emoción.

Hugo levantó la vista lentamente, como si se estuviera tomando su tiempo para decidir qué decir. Luego, por fin, habló.

—Soy alguien que sabe lo que hiciste. Y sé que no lo recuerdas, pero yo sí.

Laura frunció el ceño, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. La voz de Hugo era profunda y calma, pero sus palabras eran como un latigazo.

—¿Qué hice? ¿Qué quieres de mí?

Hugo sonrió levemente, pero no respondió de inmediato. En lugar de eso, sacó un teléfono móvil y le mostró una foto. Era la misma imagen que Laura había encontrado en la casa. El hombre con la copa de vino, la misma que ella había visto en su cuaderno. Solo que ahora, el hombre estaba en un lugar diferente: estaba en el hospital, con un rostro demacrado, como si hubiera pasado por una transformación.

—¿Te acuerdas de él ahora? —preguntó Hugo, su tono siniestro.

Laura no podía respirar. La imagen la golpeó como una ola. Ahora lo recordaba. El hombre en la foto era alguien que había conocido cuando era niña, alguien que había desaparecido misteriosamente después de un accidente. Él había sido una de las víctimas, y Laura, de alguna manera, había estado involucrada. No lo recordaba todo, pero las piezas finalmente encajaban.

—Lo que pasó ese día cambió mi vida. Cambió la tuya. Pero tú nunca supiste qué hiciste. Nadie lo hizo. Hasta ahora.

Laura temblaba. Hugo no era solo un extraño. Era alguien que había estado esperando el momento para que ella recordara, para que ella enfrentara las consecuencias de aquel verano olvidado.

Y entonces, en un susurro, Hugo reveló su verdadera identidad.

—Soy su hermano. Y ahora vas a recordar todo lo que sucedió.

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