
Había una antigua mansión en las afueras del pueblo, envuelta en sombras y misterio. Los lugareños la llamaban "La Casa de los Susurros", pues se decía que en sus paredes resonaban los ecos de voces de ultratumba. Nadie se atrevía a entrar, excepto un intrépido grupo de amigos en busca de emociones fuertes.
Al entrar, sintieron una opresión en el aire, como si los muros mismos respiraran con vida. En el centro del salón principal, un enorme espejo antiguo reflejaba su propia oscuridad. Uno de ellos, Lucas, se acercó con curiosidad. Su reflejo parecía distorsionado, como si algo lo estuviera observando desde el otro lado.
De repente, una voz susurró desde el espejo: "¿Por qué te escondes?". El grupo se estremeció. Pensaron que era su imaginación, pero entonces el espejo cobró vida. La figura de una mujer pálida y demacrada emergió lentamente, con ojos vacíos y un aura de desesperación.
"¿Por qué te escondes?" volvió a susurrar la figura, acercándose cada vez más a Lucas. El pánico se apoderó de él mientras retrocedía, pero sus amigos no podían ver ni escuchar lo que él experimentaba. La figura se acercó tanto que Lucas sintió su aliento helado en su cuello, y en un acto de desesperación, rompió el contacto visual con el espejo y corrió hacia sus amigos.
Cuando finalmente escaparon de la mansión, Lucas estaba pálido y tembloroso. Ninguno de ellos volvió a hablar de lo que vieron esa noche, pero desde entonces, Lucas nunca se miró en un espejo sin temor a escuchar aquel susurro que aún resonaba en su mente: "¿Por qué te escondes?".
Pero la verdadera pesadilla de Lucas comenzó cuando, cada vez que pasaba frente a un espejo, notaba una figura borrosa detrás de él, susurrando con una voz que helaba la sangre: "Pronto volveré por ti". Y cuando miraba más de cerca, solo veía sus propios ojos vacíos reflejados en el cristal.
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