La ciudad estaba sumida en una niebla espesa cuando Gabriel recibió la llamada. Una joven había desaparecido, y su coche había sido encontrado abandonado a orillas del río, en un punto apartado, donde no solía haber tráfico. La policía había registrado el vehículo y encontrado algo extraño: una serie de fotos en el asiento trasero, todas ellas de un mismo lugar, un café al sur de la ciudad. No había signos de lucha, pero la chica, Andrea Sánchez, seguía sin aparecer.
Gabriel no era detective, pero se había visto envuelto en demasiados casos en los últimos años. Como periodista, su especialidad eran las historias que nadie quería contar, y en esta ocasión, el caso de Andrea no tardó en atraer su atención. Había algo perturbador en todo aquello: las fotos, el lugar, la desaparición sin rastro. Algo en el aire parecía estar susurrando que no era solo un secuestro común. Estaba claro que alguien estaba jugando un juego, pero ¿quién? Y, más importante aún, ¿por qué?
Cuando Gabriel llegó al café donde las fotos habían sido tomadas, el lugar estaba vacío. Era una pequeña cafetería de esquina, con un aire envejecido, que podría haber sido pintoresca si no fuera por la sensación de abandono que la envolvía. La mesera, una mujer de cabello gris y ojos cansados, lo miró sin mucho interés mientras él se acercaba a la barra.
—¿Conoces a Andrea Sánchez? —preguntó Gabriel sin rodeos.
La mujer lo miró fijamente, como si estuviera evaluando si debía o no responder. Finalmente, suspiró.
—¿Quién no la conoce? —dijo con voz grave. —Vivía cerca. Venía todos los martes, siempre sentada en la misma mesa, como si esperara a alguien. Nunca me dijo con quién.
Gabriel sintió un escalofrío recorrer su espalda. La chica había estado esperando a alguien. ¿Pero a quién? ¿Por qué? ¿Y por qué había dejado esas fotos en el coche? ¿Era una pista o simplemente un descuido?
Esa noche, mientras revisaba las fotos que había encontrado en el coche de Andrea, una de ellas llamó su atención. Era una imagen borrosa de un hombre, apenas visible, pero lo que destacaba era su sombra proyectada sobre la pared del café. Gabriel no podía ver sus rasgos, pero algo en esa figura le parecía familiar. Algo en el modo en que la sombra caía, algo inquietante que le parecía familiar.
Gabriel no pudo evitar pensar en su propio pasado mientras repasaba las fotos una vez más. Recordó un caso antiguo, uno que había marcado un antes y un después en su carrera. Un caso de secuestro no resuelto, un caso en el que él había estado demasiado cerca de la verdad. Gabriel había sido el último en hablar con la víctima antes de que desapareciera, y aunque la policía lo había descartado, él nunca dejó de sospechar que algo en su propia vida estaba relacionado con el misterio.
Esa misma noche, Gabriel decidió visitar a su viejo amigo Luis, un ex policía que ahora se dedicaba a la seguridad privada. Sabía que si alguien podía ayudarle a analizar el caso desde otro ángulo, era él.
—¿Sigues con esos casos, Gabriel? —dijo Luis, levantando una ceja mientras aceptaba la copa que le ofreció. —¿No te hartaste de ellos?
Gabriel negó con la cabeza, sin perder la mirada en los papeles dispersos sobre la mesa.
—Este no es un caso común. Hay algo raro aquí, Luis. Estas fotos, el café... todo me lleva a algo que vi hace años. Creo que alguien me está jugando una especie de juego.
Luis frunció el ceño y miró las fotos que Gabriel había sacado del coche. Se quedó en silencio durante un largo rato.
—¿No es esa la sombra de...?
—Lo mismo pensé —interrumpió Gabriel, mirando a su amigo, consciente de que él también había reconocido la figura. La misma sombra que se había visto en otro caso años atrás. Pero, ¿cómo? ¿Cómo podía estar relacionado este caso con algo que había sucedido tanto tiempo atrás?
El misterio se espesaba, y Gabriel sentía que cada vez estaba más cerca de desentrañarlo, pero también más cerca de perderse en él. Algo oscuro, algo personal, estaba involucrado en la desaparición de Andrea, y él no podía entenderlo completamente.
A medida que Gabriel profundizaba en la investigación, más se adentraba en su propio laberinto de dudas y sospechas. Cada pista lo llevaba a más preguntas, pero no encontraba respuestas claras. La niebla que cubría la ciudad parecía haberse filtrado en su mente, opacando su juicio. Era como si todo fuera una trampa, y las piezas encajaran demasiado bien.
Al día siguiente, Gabriel recibió una llamada inesperada. Era la policía, que le pedía que se presentara en el mismo café donde había comenzado todo. Al llegar, vio algo que lo dejó helado: Andrea Sánchez estaba allí, sentada en una mesa, como si nunca hubiera desaparecido.
—¿Andrea? —dijo, su voz quebrándose al verla tan tranquila.
Ella levantó la cabeza, sus ojos vacíos de emoción. No parecía sorprendida de verlo.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Gabriel, acercándose con cautela.
Andrea no respondió de inmediato. Solo lo observó, como si lo estuviera evaluando, antes de soltar una sonrisa inquietante.
—¿Crees que puedes entenderlo, Gabriel? —dijo en voz baja, su tono cargado de sarcasmo. —Este es solo el principio. El juego ha comenzado, y tú eres una de las piezas.
Gabriel se quedó en silencio. La mujer frente a él no era la misma. No podía serlo. La Andrea que había conocido era amable, tranquila. Pero esta... esta parecía otra persona. Algo había cambiado en ella, y no podía entender qué.
En ese momento, la puerta del café se cerró con un golpe fuerte, y de las sombras apareció una figura familiar. El hombre de la sombra. La figura que Gabriel había visto en las fotos, la misma que le había perseguido en su mente durante todo el caso.
Pero no era un desconocido. Era él.
Luis.
—Lo siento, Gabriel —dijo Luis con una sonrisa fría, mientras se acercaba a la mesa. —Creo que me ha tocado jugar con las piezas de este tablero, ¿verdad?
Gabriel no sabía qué responder. La traición le cortaba el aliento, y una sensación de desesperación se apoderó de él. El juego del que había sido parte, el juego que había comenzado hace años, estaba por llegar a su fin.
Pero aún quedaba una última pregunta, la más importante. ¿Quién había estado moviendo las piezas todo este tiempo?
La respuesta estaba en las sombras.
Comentarios
Publicar un comentario